Empresa

Papacito nació hace más de 30 años en la calle Andes bajo la forma de un viejo local de quiniela, venta de cigarrillos, revistas y eventualmente algún libro.
El dueño de este comercio era un diariero llamado Chechi. La familia Porcelli Di Stasio (primos y hermanos) formada por emigrantes provenientes del sur de Italia, compraron este pequeño local en 1964.

Librería y papelería Papacito llegó a tener cuatro locales céntricos en Montevideo y uno en Punta del Este (abierto todo el año), todo un sello distintivo en materia cultural.
El curioso o el insomne se pueden asomar para hojear revistas o consultar el título de algún libro extraño.

Antonio Porcelli, hermano de Vicente y gerente general de la empresa, el primero de la familia en llegar a Uruguay con 16 años, cuenta que hoy en día padres, tíos, hijos, nietos y cuñados trabajan en Papacito. “Nuestra base es la familia, cuando nos reunimos en cualquier fiesta somos cerca de cien familiares” aclara, con el correr de los años los empleados y sus familias se han ido incorporando también a la empresa.

Actualmente, la creación de shoppings fuera de la zona céntrica- en especial en Pocitos- ha desplazado las áreas comerciales. Sin embargo Porcelli es tajante “ 18 de Julio es y será la principal calle de Montevideo”.
“Después del juguete, el libro es el regalo más importante para el niño. He visto en nuestras sucursales a los niños sentarse en el piso y hojear libros durante media hora, sumidos como en otro mundo” dice el gerente de Papacito.
Hoy en día el niño se ha volcado hacia el libro, un libro hecho a su medida cómodo con ilustraciones; ya no es necesario que el padre o la madre lo lean: el mismo lo hace. En este país no ha aumentado la población pero sí el número de lectores” afirma.

Para Vicente Di Stasio, gerente de compras de la empresa, el público de la mañana y el de la tarde es distinto del de la noche: el primero entra apurado; el segundo tiene todo el tiempo por delante y se entretiene buscando títulos. “ Nosotros no queremos que el libro descanse en el estante, por eso sacamos permanentemente ofertas, el libro debe llegar al público”. Si tiene que recordar el título más vendido, Di Stasio no tiene dudas: “Cien años de soledad” de Gabriel García Márquez.

Los locales, a pesar de ser céntricos, tienen un público diferente. Sobre 18 de Julio frente a la IMM se trabaja con gente de paso que con los años se va haciendo cliente, el local se mueve con el flujo de la Universidad y en vacaciones decae, la temporada más fuerte de ventas es durante la zafra de textos y las fiestas; en cambio en el local de 18 de Julio casi Andes, funciona todo el año con clientes de toda la vida.

Anécdotas: Hay gente que roba dinero, otros gallinas y algunos libros “un día -cuenta Di Stasio – vi a una pareja irse del local con un libro robado; salí y les dije, diplomáticamente que se habían olvidado de pagarlo, el hombre me respondió: “No me olvidé, no pensaba pagarlo”, me lo devolvió y se fue. También hay organizaciones montadas para robar libros y luego venderlos: mientras unos distraen a los empleados otros, con un bolso, se llevan quince o veinte libros”.

Treinta años de existencia de Papacito sirven, entre otras cosas, para diagnosticar los cambios de la sociedad uruguaya. En este sentido Antonio Porcelli comenta que la gente mayor suele hablar de los tiempos de antes como mejores, pero eso no es verdad. Antes, la gente era más humilde y se conformaba con menos. Hay más inquietud; en los ´50 casi nadie se tomaba un taxi, sólo en caso de emergencia. Si uno tenía una novia podía dar una vuelta a la manzana o comprarle un helado. En el Uruguay de la década del cincuenta eran contadas las personas que viajaban a Europa. Hoy en día todo es mucho más fácil. Por otra parte son pocos los países en Latinoamérica que pueden compararse culturalmente con Uruguay; aquí hay grandes escritores, músicos, estadistas, médicos, educadores y pintores, por eso no considero que este sea un país del tercer mundo”.

“El uruguayo nace con una pelota de fútbol bajo un brazo y un libro en el otro”, así define la idiosincrasia cultural de nuestro país Vicente Porcelli, presidente de las librería Papacito.

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